La Universidad Pública tiene como función primordial ser un espacio de reflexión en el que se generen respuestas y orientaciones a la sociedad a propósito de las problemáticas que la determinan y surgen en ella. El señalamiento de tales alternativas debe tener el objetivo de lograr el desarrollo pleno de la personalidad de sus integrantes, a fin de que cuenten con las condiciones para vivir en armonía con sí mismos y con su entorno socio ambiental. Es por ello que se requiere reforzar la vinculación de las instituciones educativas públicas con la sociedad a la que se deben, pues tenemos que reconocer que en la actualidad se viven cambios vertiginosos y momentos conflictivos que exigen una actuación proactiva por parte de la Universidad.

Particularmente, la delincuencia, la inseguridad y la violencia que actualmente prevalece en México son problemas que preocupan hondamente a la sociedad, tanto por su incremento, como por la falta de respuestas efectivas que permitan prevenir y combatir dichos fenómenos. Esta circunstancia impacta en la vida de nuestra comunidad universitaria, quienes perciben con inmediatez las problemáticas en mención, dado el entorno de fuerte presencia tecnológica en que se desenvuelven. De igual forma, en la mayoría de los casos, los estudiantes tienen que residir fuera de sus ciudades de origen y lejos de sus familias, con todas las variables que esa situación conlleva, lo que puede determinar que se vean expuestos a influencias negativas, lo que llega a derivar en afectaciones a su persona, su círculo familiar y amistoso, a la comunidad universitaria y a la sociedad en general. Las universidades públicas y privadas tienen un papel esencial en la prevención de los factores arriba mencionados, ante los cuales es pertinente instrumentar diversas líneas de acción y estrategias que promuevan el desarrollo integral de la comunidad universitaria e incidan con eficacia en la prevención de conductas que puedan dañar a la sociedad.

En virtud de lo anterior, la Universidad de Guanajuato establece el Programa Conciudadanía UG, con el propósito de incidir, desde una perspectiva fundamental de prevención, en la mejora de la convivencia social mediante una estrategia articulada de formación de la cultura de la legalidad y el autocuidado; la apreciación artística, así como la divulgación de la ciencia entre los integrantes de la comunidad universitaria y de la sociedad.

Con el desarrollo de esos ejes se pretende incidir en aspectos sustantivos de la actividad universitaria y de sus integrantes, a fin de propiciar condiciones que les permitan acceder a una mejor calidad de vida, garantizando con ello el logro de sus capacidades intelectuales, profesionales, ciudadanas y éticas.

A su vez, Conciudadanía UG busca generar un efecto multiplicador en el entorno, con el fin de contribuir al mejoramiento de la calidad de vida de los miembros de la sociedad. Para estar en posibilidades de hacerlo, la Universidad deberá vincularse de manera participativa con los distintos sectores y actores de la sociedad, en un marco de corresponsabilidad a fin de hacer notoria la mejora buscada en la comunidad estudiantil y en la sociedad como conjunto.

En ese sentido, es importante señalar que desde la Universidad de Guanajuato impulsaremos la participación en este proyecto de organizaciones civiles y estatales, entre los cuales se contempla la presencia indispensable del Observatorio Ciudadano Estatal de Seguridad Pública de Guanajuato, la Comisión Estatal para la Planeación de la Educación Superior A.C. (COEPES) y de los Comités de Participación Ciudadana de la Secretaría de Seguridad Pública del Estado de Guanajuato, entre otros.

Resulta oportuno hacer dos anotaciones. La primera es de orden técnico-conceptual. Este programa tiene sus principales alcances en la prevención primaria. Es decir, se propone incidir en las bases del entorno social, y no se focaliza a una problemática específica. Derivado de ello, no es finalidad suya medir o cuantificar resultados.

La segunda anotación es de carácter organizacional: no se crea una estructura para la aplicación del programa, ni se destina un presupuesto específico para tal efecto, sino que se asume con la capacidad institucional instalada. Esta circunstancia, lejos de constituir una debilidad, se asume como una fortaleza, considerando la diversidad y amplitud del talento universitario, conformado por su comunidad estudiantil y su personal académico, con el acompañamiento dispuesto y comprometido del personal directivo y administrativo.

Desde luego, los ejes, las áreas responsables y las líneas de acción, con sus actividades correspondientes, constituyen el punto de partida de un proceso permanente, susceptible de ampliarse y adaptarse a las circunstancias cambiantes de la realidad, bajo una política de mejora continua.

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