Presentación
El Planeta Tierra constituye un único Ecosistema, de una enorme complejidad y riqueza. Y, aun cuando el Planeta no esta aislado de su entorno, es la presencia de la vida la determinante que nos justifica limitar nuestro Ecosistema al Planeta Tierra, siendo que las fronteras son fijadas sólo por aquellos límites en que la vida es posible.
Hemos decidido dividir este gran Ecosistema en otros de menores dimensiones, para efectos prácticos de su estudio y entendimiento, atendiendo a condiciones más concretas, lo que supone límites en cuanto al número de especies de organismos que pueden vivir en ellos.
El Conocimiento, como el Ecosistema, se ha divido en áreas, y éstas a su vez en disciplinas, con la finalidad de profundizar y alcanzar niveles altos de especialización. Lo importante es tener en cuenta que cada uno de estos pequeños mundos, sean Ecosistemas o bien áreas del Conocimiento, no pueden contemplarse como sistemas cerrados, aislados de los demás, lo cual olvidamos frecuentemente.
La idea de preservar nuestro entorno y respetar a sus pobladores es tan antigua como la propia humanidad. El profundo respeto que las tribus de la selva Amazónica, los esquimales del Ártico, o los aborígenes australianos, sienten y manifiestan hacia los animales y las plantas que configuran su entorno natural, forma parte de su naturaleza, constituye un factor esencial para su propia supervivencia.
Una parte de la humanidad, debido a su desarrollo intelectual, ha sabido sustraerse, en parte, a las transformaciones y problemas a los que se ven sometidos los otros pobladores del planeta, o al menos, es lo que hemos creído firmemente durante siglos.
Nuestros desmanes y excesos, nuestras constantes faltas de respeto hacia el entorno, los hemos justificado con una razón de una autoconcedida superioridad, que el éxito aparente de nuestra especie parecía, hasta hoy, confirmar.
Sin embargo, estas formas de conducta, que han olvidado erróneamente aquellos valores propios de nuestra condición de organismos vivientes, han conducido al callejón sin salida que se presenta hoy, frente a nosotros.
Hemos creído que la mejor manera de estudiar y comprender la naturaleza, y de manera general, nuestro entorno, es creando disciplinas y enfoques cada vez más especializados. Aprendemos, actuamos y enseñamos, como si las fronteras que hemos trazado fueran reales, siendo que, en realidad, son artificiales. Hemos olvidado que el estudio de la vida y de los recursos naturales de los que ella depende, desde cualquier perspectiva, necesita de un lenguaje común.
La sensación de peligro inminente y la ausencia de respuesta por parte de quienes dogmáticamente se creen en posesión de la verdad, han permitido el afortunado despertar de este instinto fundamental de toda especie, y que podemos llamar: espíritu conservacionista, amor a la naturaleza, o simplemente, ley del equilibrio natural, que regula todo Ecosistema.
Y este despertar, nos permite ver y sentir con claridad que, cualquiera de los elementos del Ecosistema, como del Conocimiento, constituye un nudo, en una extensa red. Todos son valiosos, todos son imprescindibles. Cada uno depende de los demás para existir, y es a su vez elemento de sustento para los demás.
El estudio, la comprensión y la propuesta de soluciones que atiendan a los problemas Ambientales, requieren, por su complejidad, del acercamiento de los profesionistas de todas las áreas del conocimiento, de la formación de grupos multidisciplinarios, del trabajo en equipo con objetivos comunes y con una misma visión, el respeto de los recursos naturales y, la protección y conservación del Ambiente.