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La tradición académica de la
Universidad de Guanajuato está enraizada en el
siglo XVIII; el inicio de este proyecto
educativo tiene su primer antecedente en el
Colegio de la Santísima Trinidad fundado en
1732 a iniciativa de doña Josefa Teresa
de Busto y Moya, quien con ayuda de miembros
prominentes de la sociedad guanajuatense, entre
los que destacan don Pedro Lascuráin de
Retana, crearon el Colegio en la casa de
doña Josefa y en la antigua capilla de los
otomíes, donde actualmente se encuentra el Patio
de Estudios de Edificio Central.
En el año de 1744, a
petición del Ayuntamiento de la ciudad de
Guanajuato, el rey Felipe V emite la Real
Cédula en la cual se reconocen los esfuerzos
educativos de los fundadores y en donde se
consigna que los encargados del Colegio serán
los religiosos de la Compañía de Jesús.
Las primeras cátedras impartidas
en el Colegio estuvieron a cargo de los
sacerdotes jesuitas que contaron con el
apoyo económico de los mineros de la ciudad; así
fue posible continuar con las construcciones del
Colegio de la Santísima Trinidad, del cual se
cuenta que cuando doña Josefa pensaba en
fundarlo unas abejas fabricaron un panal en su
cuarto. De esta leyenda nace el símbolo de la
Colmena Legendaria.
La expulsión de los jesuitas de
los territorios de la Nueva España, en 1767, fue
el motivo por el cual el Colegio permaneció
cerrado por 18 años y reabrió con el nombre de
Real Colegio de la Purísima Concepción, a
cargo de los sacerdotes felipenses.
El Colegio reabierto recibió
gran impulso del último intendente del
Guanajuato, Juan Antonio de Riaño y Bárcenas,
gobernante ilustrado que proveyó al Colegio de
cátedras y profesores, además de introducir las
materias de matemáticas, física, química y
francés; sin embargo, el movimiento de la lucha
por la Independencia terminará con dicho
proyecto, así como con la vida del intendente
que muere en la batalla del 28 de septiembre de
1810 en la Alhóndiga de Granaditas.
Durante la guerra de
Independencia, la Institución se sostiene
gracias a la entrega del presbítero don
Marcelino Mangas, figura emblemática del
Colegio, quien fungió como rector, maestro y
encargado de funciones básicas y que junto con
un grupo de estudiantes, se opuso a las
pretensiones de Agustín de Iturbide de convertir
las instalaciones del Colegio en Casa de Moneda.
Marcelino Mangas es uno de los
personajes más representativos de la constante
labor emprendida por los guanajuatenses por
sostener una institución en bien del progreso de
la juventud del estado. A su muerte, sus restos
reposan en la antigua capilla del Colegio,
actualmente salón del H. Consejo General
Universitario.
Carlo Montes de Oca, primer
gobernador constitucional del estado,
ilustrado y fiel defensor de los principios de
la Independencia, inició un ambicioso proyecto
educativo para el Colegio y el estado, quien con
el apoyo de don Marcelino Mangas emitió un
decreto en 1827 en el que se estableció que la
educación superior debía ser costeada por el
Estado. Asimismo, asigna una partida para
ampliar y reformar el edificio, fundar una
biblioteca pública, un gabinete de física
experimental, un laboratorio de química y una
colección de
mineralogía.
Para estas empresas contó con el
apoyo del Ayuntamiento de la ciudad, el cual
cedió su biblioteca pública al entonces llamado
Colegio de la Purísima Concepción –libros que
hoy se conservan en la Biblioteca Armando
Olivares- y respaldó la iniciativa de
solicitar al barón Alejandro von Humboldt
una colección de fósiles para el gabinete de
mineralogía, así como una importante colección
de libros que hoy forman parte del patrimonio de
la Universidad.
El año de 1828 es de suma
importancia: se reforman los planes de estudio;
por primera vez se legisla sobre la tercera
enseñanza o educación superior; se ofrecen las
cátedras de minería,
carrera de foro (derecho), la carrera
eclesiástica y la academia de pintura, escultura
y arquitectura.
Los vaivenes políticos de la
primera mitad del siglo XIX afectarán al
Colegio, sin embargo, se mantiene como una
institución estable que cumple con la misión
principal de ofrecer educación pública. En esta
época estudiaron importantes protagonistas de la
historia del estado y del país como Manuel
Doblado, Joaquín González Obregón,
Octaviano Muñoz Ledo, Ponciano Burquiza, Juan y
Ramón Valle, José Rosas Moreno y Lucio
Marmolejo, entre otros.
Con el triunfo de la Reforma, el
Colegio experimentó importantes cambios; en
1870 cambia su nombre a Colegio del
Estado por iniciativa del entonces
gobernador Florencio Antillón.
Durante este periodo destaca la
presencia del médico y naturalista francés
Alfredo Dugés, fundador del gabinete de
Historia Natural, del Jardín Botánico y autor de
una colección de acuarelas. Otro importante
personaje es Vicente Fernández científico
autodidacta y taxidermista, recordado por el
descubrimiento de nuevos minerales como el
llamado ‘Guanajuatita’, así como por la
instalación del primer observatorio
meteorológico del estado. Ellos legaron una
destacada colección que hoy alberga el Museo
de Historia Natural Alfredo Dugés de
la Universidad, y la tradición del observatorio
se conserva en la azotea del Edificio Central.
Cabe recordar la herencia del también científico
Severo Navia, quien formó y clasificó una
importante colección de minerales, resguardados
en el Museo de
Mineralogía de la Universidad.
En dicho Museo se alberga
una colección de minerales gestionados por el
ingeniero Ponciano Aguilar, ilustre
egresado y catedrático del Colegio, quien
descubrió un mineral denominado “aguilarita”; su
trabajo como constructor se conserva en la Presa
de Esperanza y el túnel del Coajín, además, fue
nombrado profesor extraordinario de Ciencias
Físico-Química de la UNAM y obtuvo el Premio
Internacional en la Feria Universal de París en
1900 con un proyecto para el aprovechamiento de
las aguas del río Lerma. Parte de su legado se
puede consultar en la Biblioteca Armando
Olivares.
La historia del Colegio fue
consignada de manera exhaustiva por uno de los
egresados y profesores más queridos, don
Agustín Lanuza, reconocido por su trabajo de
investigación histórica, su interesante obra
literaria y su profesionalismo como abogado.
En 1945 el Colegio del
Estado se transforma en Universidad de
Guanajuato, instalándose el primer Consejo
Universitario el 16 de mayo de ese año. Esta
importante evolución se debe, en mucho, al
indiscutible liderazgo de don Armando
Olivares Carrillo, quien sostuvo la idea de
lograr una Universidad con mayor acción social y
humana, proyecto consolidado en el Servicio
Social Universitario que distingue a la
Institución. Entre muchos de sus logros,
destacamos el inicio de las labores editoriales,
para lo cual instaló la imprenta universitaria
(aún en funciones); protagonista de una nueva
tradición cultural y artística que distinguirá a
la Universidad y permitirá darla a conocer a
nivel nacional.
La Universidad de Guanajuato
tuvo, en esta etapa, un importante crecimiento
en la apertura de una nueva y diversificada
oferta académica, consolidando importantes
centros e institutos de investigación en todas
las áreas del conocimiento, además de establecer
políticas de gran alcance en la extensión y
difusión cultural. Por otra parte, amplió su
presencia a más ciudades del estado, contando en
la actualidad con unidades académicas y de
extensión universitaria en más de 10 municipios.
Como parte de esta nueva
tradición cultural, el rector Antonio Torres
Gómez creó en 1950 la Orquesta Sinfónica
de la Universidad y la Escuela de Arte
Dramático, esta última, aunque efímera,
constituyó un antecedente fundamental para el
desarrollo artístico que caracteriza a la
institución a nivel nacional e internacional,
con la puesta en escena de los Entremeses
Cervantino, semilla que germinó en la
creación del Festival Internacional Cervantino.
Entre los protagonistas de la
vida cultural universitaria de esa época,
destacan Enrique Ruelas y Eugenio Trueba
Olivares, quien siendo rector de la
Universidad fundó dos de las instituciones
culturales que continúan siendo vanguardia de la
difusión cultural: el Cine Club y
Radio Universidad, además de ser el
principal promotor del Teatro Universitario, que
año con año continúa representando los
Entremeses Cervantinos en la Plaza de San
Roque.
El mes de octubre de 1991, siendo
rector el Mtro. Juan Carlos Romero Hicks,
se convoca a la comunidad universitaria a
participar en el proceso de autonomía y de
reforma normativa; el 11 de mayo de 1994
la LV Legislatura del Congreso del Estado aprobó
la autonomía, con lo cual la Universidad de
Guanajuato adquirió la capacidad jurídica y la
facultad y responsabilidad de gobernarse a sí
misma.
Posteriormente, en
el ejercicio pleno y responsable de su
autonomía, la comunidad universitaria inició un
proceso de transformación institucional que
incidió en la conformación de la estructura de
gobierno y del modelo académico, preservando los
principios y propósitos contenidos en su misión
y su visión institucional.
Dicho proceso inició formalmente
en febrero de 2006 con la presentación ante el
H. Consejo Universitario, por parte del rector
Dr. Arturo Lara López, de la propuesta
básica de reforma académica y administrativa,
cuyos contenidos y alcances se enriquecieron con
las opiniones de la comunidad universitaria, de
estudiosos nacionales e internacionales y de
miembros de la sociedad guanajuatense.
Así, el 16 de mayo de 2006
el H. Consejo Universitario aprobó el
Anteproyecto de Ley Orgánica, documento
que manifiesta la voluntad institucional de
adoptar un nuevo modelo orgánico y académico
caracterizado por una estructura multicampus, el
funcionamiento departamental y matricial de su
subsistema de educación superior, y por la
integración de un subsistema de nivel medio.
El 31 de mayo de 2007, la
LX Legislatura Constitucional del
Estado aprobó por unanimidad la nueva Ley
Orgánica de la Universidad de Guanajuato,
actualmente en vigencia. De esta
manera, a partir del año 2009, la Universidad de
Guanajuato inició una nueva etapa de su historia
institucional. |