Dr. José Armando Pérez Crespo

Dr. Raúl Fernando Guerrero Castañeda
Departamento Enfermería Clínica,
División de Ciencias de la Salud e Ingeniería.
Campus Celaya - Salvatierra,
Universidad de Guanajuato

 

Mucho se habla del envejecimiento como fenómeno demográfico y de salud a nivel no solo nacional, sino internacional. El aumento en la esperanza de vida, la disminución en la natalidad y la mortalidad generan cambios significativos en la dinámica poblacional y claro en los servicios que se requerirán para atender la salud.

Los diversos centros gerontológicos ofrecen alternativas para cuidar de las personas mayores, el Modelo Gerontológico sugiere diversos centros temporales y permanentes para el cuidado y atención de las personas mayores.

En este caso es preciso enfocarse en las residencias para personas mayores, las cuales emergen como espacios que tienen bajo su finalidad brindar cuidado y atención a personas que por diversas situaciones van a requerir apoyo en las actividades de la vida diaria y que en casa no es posible su cuidado, o bien, que carecen de una red familiar que acompañe y proporcione cuidados.

El proceso por el cual la persona mayor pasa de su hogar a una residencia se conoce como institucionalización, la cual plantea desafíos no sólo en la atención que se requiere para las personas mayores que ya se considera especializada, sino también por la falta de unificación en los tipos de residencias, pues en México se habla de residencias permanentes, asilos, casas hogar, casas de retiro y otras, las cuales difieren en aspectos tan mínimos como los servicios que pueden ofrecer, pero además, tan necesarios de unificación como sus posibles costos o funcionamiento con base en la donación social.

El objetivo de esta reflexión es plantear; cómo bajo diversas modalidades y además en sus servicios, las residencias de estancia permanente, se convierten en una opción de atención para las personas que en casa no pueden permanecer solas, por lo que se vive este proceso de inserción en estas instituciones, las cuales además de las ventajas claro está, también presentan desafíos y consecuencias que podrían considerarse negativas, tales como un deterioro de la salud, sobre todo en aquellas que funcionan como asilos y en las que no hay personal de enfermería que cuide de las personas y promueva su funcionalidad física, cognitiva, social y emocional.

También puede presentarse aparición de dependencial funcional, la ausencia parcial o total de la familia o amigos que se consideran redes de apoyo, limitaciones en las actividades y la necesidad de supervisión y cuidado permanente; todo ello puede generar depresión, desesperanza, sufrimiento espiritual y pérdida del sentido de la vida. Sin embargo, uno de los aspectos que pretende esta reflexión es mostrar que una de las desventajas mayores es el considerar que las residencias son lugares aislados, alejados de la socialización cotidiana y sobre todo de la dinámica social y familiar; pero además profesional. Se suele ver a estos espacios como centros en donde se puede acudir de vez en cuando a visitar o en ocasiones especiales, lo que termina reforzando la idea de que es un lugar en donde las personas mayores han quedado al margen de la dinámica comunitaria.

La percepción y además la integración de las personas mayores en las residencias puede sufrir una transformación sustancial, no sólo en la propia residencia sino en la realidad de una dinámica de sociedad y además en las profesiones de la salud que pueda promover la participación activa en este tipo de instituciones, dejando de lado solo acudir cuando se requiere información, llevar a cabo investigaciones o realizar prácticas de campo.

Los profesionales de la salud y además, la sociedad a través de sus vínculos con personas voluntarias, organizaciones o simplemente, si como personas desearamos asistir e interactuar, podríamos transformar estas residencias en espacios de integración e inclusión, a través de visitas programas se podrían llevar a cabo talleres, actividades recreativas, intervenciones de arte, cultura y ocio, así como promoción de actividades espirituales, todo conocimiento es valioso e importante en el momento de cuidar de nuestras personas mayores institucionalizadas.

Como profesionales si bien no se tiene un vínculo laboral o de realización de prácticas profesionales, se podría acudir a desarrollar actividades de estimulación cognitiva con talleres de memoria, juegos grupales, dinámicas de arte; acompañar emocionalmente a los adultos mayores en espacios de charlas y conversación grupal, escucha y reconocimiento de experiencias del día a día; educación en salud, a través de actividades donde se enseñen estilos de vida y hábitos saludables en la institución; promoción de envejecimiento activo con actividades adaptadas, ejercicios de movilidad, flexibilidad y equilibrio.

Un reto importante es incluso promover en la sociedad, ya sea en grupos organizados o bien en personas interesadas esa reconstrucción de vínculos sociales, evitando que la residencia siga siendo vista como un lugar de exclusión o aislado del resto, el vivir en una residencia no debe ser sinónimo de romper vínculos con la comunidad, por el contrario, debe ser un centro de interacción social y de fomento de iniciativas que visibilicen a aquellos que se ha invisibilizado, reconocer el envejecimiento como un proceso que puede ser vivir en la residencia pero manteniendo el vínculo con los que están fuera; se trata de tejer vínculos que reconozcan que la vejez merece ser vivida al máximo o en plenitud para aquellos que incluso llegan a ser abandonados en estas instituciones.

Este es un llamado a la sociedad, si tú como profesional, como estudiante universitario, como persona, puedes dar un poco de tu tiempo al día o a la semana para acudir y visitar a las personas e incluso dar un poco de tu conocimiento en diferentes niveles, es hora de ver las residencias como esa oportunidad.

Reconocer la importancia de vincular a la sociedad con las residencias es reconocer que esa interación generará un cambio en la forma en cómo la sociedad percibe el proceso de envejecimiento y a las personas mayores, cambiando la visión de que estas sean personas dependientes o con pérdidas, a personas que son portadoras de experiencia, de conocimientos, de saberes y de memorias que pueden enriquecer la vida en comunidad.

Dar un poco de aliento y de esperanza, además de respeto, participación y acompañamiento puede ser la oportunidad de unir esfuerzos comunitarios y hacer de las residencias esos espacios de puedan generar efectos positivos, aunado a reducir el sentimiento de soledad, mejorar el estado de ánimo, alimentar el espíritu y además motivar para vivir el día a día. Estas pueden ser estrategias para promover el envejecimiento activo y saludable, fomentar la conciencia social y colectiva y además enriquecer de lo mucho que las personas mayores atesoran en su dinámica y en sus memorias de toda su trayectoria vital.

 

Fecha de publicación: 30 de abril de 2026.

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