
León, Gto., a 17 de abril de 2026.- Bajo el marco del tercer foro “Diálogos Universitarios”, organizado por la Coordinación General de Desarrollo Académico de la Universidad de Guanajuato (UG), Campus León, se abordó el tema de la corresponsabilidad afectiva, el cual contó con la participación, como moderadora, de la Lcda. Susana Elizabeth Pérez Uribe, Coordinadora del programa educativo de Psicología Clínica del Campus Celaya‑Salvatierra.
La bienvenida estuvo a cargo del Rector de Campus León, el Dr. Mauro Napsuciale Mendívil, quien compartió que este foro es un espacio académico que reafirma el compromiso del campus con la reflexión crítica, el diálogo plural y la construcción colectiva de conocimiento en torno a problemáticas que inciden de manera directa en la vida universitaria y en la sociedad contemporánea.
El primer invitado fue el Dr. Juan Pablo Ramírez Ramírez, psicoanalista, experto en trastornos de la personalidad y profesor de tiempo parcial del Departamento de Psicología del Campus León, y se contó con la participación, vía remota, de la Dra. María Luján Christiansen, profesora investigadora del Departamento de Filosofía y Coordinadora de la Maestría en Filosofía del Campus Guanajuato de la UG, cuya obra La arquitectura del destino (2009) aborda los vínculos entre las personas y reflexiona sobre la dignidad en el trato de las relaciones humanas.
La y el ponente invitados comentaron que existen en el mercado ideas contemporáneas y conceptos, como la “responsabilidad afectiva”, que han sufrido una erosión semántica. Estos se han convertido en “jerga terapéutica” o en una “ética de Instagram”: decálogos de buen comportamiento que se consumen tan rápido como un scroll infinito. Sin embargo, el foro buscó rescatar la profundidad ética del tema de reflexión. Como señaló la Dra. Luján, la corresponsabilidad afectiva no es un manual de modales, sino el compromiso innegociable de “no desentenderse” de la forma en que se organiza un vínculo.
Es, en esencia, la capacidad de hacerse cargo de la atmósfera que se produce entre dos o más personas. El Dr. Ramírez expresó que “la corresponsabilidad es autonomía y anticipación; la dependencia emocional, en cambio, es una servidumbre en la que cada acto pasa por el filtro de la aprobación ajena”.
Otro argumento de reflexión fue el de la inmediatez de la pantalla, la cual impone una lógica de mercado en el corazón de las interacciones, convirtiendo a las personas en gestoras y gestores de su propia imagen, en busca del “otro u otra” como un insumo de validación egoísta.
El Dr. Ramírez habló acerca de los “migajeros” (breadcrumbing), que lanzan señales intermitentes de interés —un like perdido, un comentario vago— para mantener al otro en un estado de disponibilidad permanente, sin intención alguna de construir. Es la táctica de dejar “velitas encendidas” por mera conveniencia personal: una forma de deshumanización que reduce al prójimo a una opción de reserva. Frente a esta lógica del descarte, la y el ponente propusieron una ética del cuidado que prioriza la integridad ajena, incluso cuando no nos beneficia. Se expuso que ser responsable implica la valentía de decir “no voy a seguir aquí”, protegiendo a la otra persona de nuestras indecisiones, en lugar de desaparecer en el anonimato digital.
El Dr. Ramírez insistió en que no hay responsabilidad hacia fuera si no hay claridad hacia dentro. Este cambio relacional se asienta sobre pilares que exigen un arduo trabajo personal, respondiendo a preguntas sobre lo que se desea y se espera recibir, así como al establecimiento de límites y roles claros en las relaciones.
Por su parte, la Dra. Luján hizo énfasis en que la salud vincular es un proceso recursivo y que intentar sanar un vínculo en soledad no solo es infructuoso, sino también peligroso. El esfuerzo unilateral conduce inevitablemente al vaciamiento y al resentimiento, pues el afecto requiere una disponibilidad mutua que no puede ser suplida por la voluntad de una sola persona.
Se comentó que la corresponsabilidad afectiva también forma parte de los pasillos universitarios. El foro analizó el entorno académico, el cual a menudo se encuentra cargado por la productividad y el rendimiento. La universidad no puede ser un espacio de deshumanización donde docentes y estudiantes sean únicamente piezas de un engranaje métrico.
La Dra. Luján recordó una frase que le quedó especialmente marcada, expresada por un profesor con quien ha coincidido en otros momentos: “No hay buenos y malos alumnos o docentes, sino historias que no conocemos”. Señaló que es importante reconocer que cada individuo carga con una “mochila existencial”, lo cual constituye el primer paso hacia una convivencia ética.
A modo de cierre, el foro dejó una lección que trasciende lo académico: el afecto no es un sentimiento privado que se guarda bajo llave, sino una fuerza social que crea el clima que respira una comunidad. La corresponsabilidad afectiva es un imperativo ético que devuelve la humanidad compartida en un mundo que invita constantemente al reemplazo.
Ser corresponsables significa aceptar que todas las personas son sujetos sociales que se construyen en el reflejo de los demás. La invitación final es a la disponibilidad y al respeto por la fragilidad —la propia y la ajena—. Solo asumiendo la responsabilidad sobre la propia mochila y reconociendo el peso de la propia presencia en la vida de las y los otros se podrá transformar la universidad en un lugar donde el cuidado no sea la excepción, sino la regla fundamental de existencia.




